Participé cuatro veces en procesos selectivos en el Principado de Asturias, llegando a defender tres veces:
En 2016, habiéndome preparado solo durante unos meses, obtuve 4,2682 en el práctico, con lo que no llegué a la defensa.
En 2018, tras prepararme a fondo, quedé número uno de mi tribunal en el practicum con un 7.1090, a seis décimas del segundo puesto. En esta mi primera —y torpe— defensa obtuve un 5,6220, aprobando finalmente con un 6,3655.
En 2021 volví a quedar número uno de mi tribunal en el practicum con un 6,4900, también a seis décimas del segundo puesto; pero no superé la defensa, con lo que no aprobé la oposición.
Me tocó después del menú del día y tres de los miembros del tribunal echaron la siesta de la pitón, lo que condujo a situaciones esperpénticas de mucha vergüenza ajena en el turno de preguntas. Cuento esto no por despecho o justificación, sino porque también te puede pasar a ti si te toca esa hora.
En 2023, proceso de estabilización en el que no hubo practicum, obtuve un 9,1540 en la defensa de mi UP y, muy mala suerte en el tema, una nota final de 7,3820.
En ningún caso llegué a obtener plaza, por falta de antigüedad en la fase de concurso.